La educación vuelve a abrir una brecha entre los maestros y la Conselleria d'Educació encabezada por Ernest Maragall. No se le quiere dar mucha importancia o mejor dicho, la mínima para que la huelga del día 14 de febrero pase desapercibida, a intereses de que estamos ya metidos en Campaña para las Elecciones Generales. A pesar de que la huelga no tiene unos fundamentos sólidos y que se ha organizado con otros intereses políticos y únicamente a partir de unas bases de ley, estoy de acuerdo en que la educación debe encararse con seriedad y propuestas que produzcan cambios reales de una vez, porque nos estamos quedando atrás y lo constatamos con los últimos resultados del estudio PISA de la OCDE.
Avanzamos económicamente a un buen paso y damos otros hacia atrás en términos sociales y educativos. No existe una mínima cohesión que haga de hilo conductor para que cualquier ley funcione, no se piensan bien. Se hacen para probar a ver si esta vez se produce algún cambio. Pero la realidad es que en cada ley educativa que lanzamos, vamos reparando lo que se hizo mal en la anterior, para volver a hacer otra ley erronia y al cabo de un tiempo hacer otra para intentar solventar los fallos de su antecesora. Quizás no pensamos, realmente, en que las nuevas generaciones seran el futuro del país, y que deberían de ir pisándonos los talones; seria señal de que el sistema educativo funciona. Pero no voy a entrar en las bases de la ley ni en lo que este sistema educativo no- universitario carece, sino en la fábrica de maestros.
Soy un individuo no numérico (aunque tenga número) pero si con un nombre bien claro y definido a ojos del profesorado universitario. Se apuesta desde las filas de la docencia universitaria por un sistema familiar, obligado en la asistencia y basado en la persecución del alumnado hasta el punto de no dejar espacio ni comprensión a los que también forman parte del mundo laboral. Esta fábrica no entiende como sus aprendices "no enseñados en ningún momento, sólo en prácticas", pueden salir del perímetro del campus para sacarse unas pelas. Está claro que a ellos les da igual que circunstancias tengamos en nuestro tiempo no lectivo, igual que a nosotros nos da lo mismo las suyas, pero a la hora de exigir son todos muy valientes y bocazas, y a la de cumplir se esconden y buscan la excusa más recondita para salvarse el culo.
Hablamos de educación, respeto, valores, flexibilidad...todo aquello de lo que se quiere dotar a un maestro, a la educación de hoy en día. Como quieren que salgan buenos profesores si desde la fábrica sólo nos pegan plantones, correcciones por nombre, planes de trabajo ficticios que varian más que el tiempo, faltas de respeto y más de una burla.
Ya que se mira tanto el sistema universitario con planes de Bolonya y con la futura adquisición del título teniendo un nivel de inglés apropiado a los estudios realizados, deberían de echar un vistazo a lo que tienen dentro de los departamentos de la facultad del profesorado... pero quizás es mejor hacer la vista gorda, porque entonces correría el peligro de quedarnos sin docentes y sin facultad dónde impartir educación, aunque sea mala educación.
Si desde la formación de docentes ya no hay una buena cohesión y organización, es difícil pretender que las leyes tengan algún efecto positivo en todos.
Todo esto es una visión crítica general de lo que se cuece, en ningún momento individualizada.